ENRIQUE RIVAS DÍAZ
El enigma ciudadano
21/08/2012
Corren tiempos en los que frases legendarias, todas ellas referidas a la lucha y a la unión, se necesitan más que nunca. Expresiones por las cuales nuestros padres y abuelos se dejaron sudor, sangre y lágrimas, pero no por gritarlas a los cuatro vientos, cuestión bastante fácil de desarrollar, sino por llevar el significado y sentido de las mismas a su máxima magnitud.
Hoy, como antaño, se necesita salir a la calle a luchar por todo eso que nos están robando. Sin embargo, como en cualquier batalla, hace falta algo fundamental: "creer y sentir".
Pero nos encontramos con una situación, que no es otra, que no haber pasado por el esfuerzo que tuvieron que asumir nuestras anteriores generaciones para lograr tener derechos fundamentales, no solo para ellos, sino también para su hijos, es decir, para nosotros. Esfuerzos que venían marcados tras haber sufrido una dictadura en la que los derechos y libertades brillaban por su ausencia. Sin embargo, nos están robando algo que ni siquiera hemos conseguido por nosotros mismos, sino que nos lo han dado hecho, eso sí, no podemos caer en el olvido que esto no cayó del cielo, que esto se consiguió gracias a una ciudadanía comprometida, con un rumbo fijo, con organización y, sobre todo, unión. Aunque toda esta situación parezca obvia, nunca más lejos de la realidad, porque solo lo es en teoría, al menos, hoy en día.
Actualmente, bajo mi humilde opinión, nos encontramos con parte de una sociedad que es el reflejo del Estado, o mejor dicho, los hijastros del mismo. Donde criticamos, entre otras cuestiones, los intereses propios creados en su entorno, pero que, curiosamente, no luchamos contra ello.
Luego tenemos a los hijos incondicionales, los que podríamos denominar de pura cepa. Hijos criados, desde muy jóvenes, en las cuevas de Ali. Babá. Donde empezaron desarrollando su primera actividad, la pegada de carteles, para acabar, en muchos de los casos, "siendo los saqueadores de nuestra sociedad".
Pero hay una tercera parte que, al contrario de las anteriores, si conoce el gran esfuerzo de nuestros antepasados. Una ciudadanía que se rebela contra un Estado que, lejos de asumir sus verdaderas funciones, se ha convertido en una lacra y una losa insostenible para las personas que lo componen por sus capas medias y bajas.
Esta tercera parte, la cual podríamos denominar como hijos rebeldes, demuestra un parecido asombroso a la que consiguió nuestros derechos. Son luchadores, inconformistas, defensores de la libertad, la justicia y la igualdad. Personas que no solo se enfrentan a un Estado totalitario, sino que también expresan su indignidad contra aquellos que hacen del silencio su bandera. Pero esta semejanza hace aguas, por desgracia, en uno de sus puntos fundamentales, "la finalidad".
Las grandes batallas libradas por la humanidad no siempre han sido ganadas por los ejércitos mejor preparados, ni siquiera por los más rebeldes, sino por aquellos que, aparte de creer en la finalidad de su lucha, supieron dejar sus idealismos a un lado para unirse y organizarse con un único fin, "lograr su objetivo".
La sanidad, la educación, la dependencia, los servicios sociales y el empleo son parte de esos objetivos, cuya finalidad no es otra que las personas. Cuando las tácticas a seguir se basan en el pensamiento personal, o de cada colectivo, podemos romper sin darnos cuenta el pilar fundamental de nuestra lucha, que no es otro, que los perceptores de la misma. Es imprescindible una unión fuerte y organizada. Un hermanamiento sin fisuras alejado de la anarquía. Donde la estrategia y la organización, lo cual no significa "jerarquías", sean el camino a seguir para conseguir la finalidad.
La credibilidad y la confianza, eso de lo que tanto se habla ahora, es aplicable a cualquier lucha social, porque ninguna se ha ganado sin el respaldo del resto de la ciudadanía. Y al igual que criticamos a todos esos que se quedan en su cómodo sillón viendo la vida pasar, aun siendo sus hijos los perjudicados de toda esta situación, no podemos caer en el error de dirigirnos por métodos que solo van a perjudicar nuestros fines. Menos aun, el criticar a todos esos que estando en la lucha dan un paso más, no en interés propio, sino porque intentan aportar todo lo que tienen y que les sale del corazón. Y por ello, ni son más ni menos que nadie.
Personalmente, no creo en esta teoría de, Charles Darwin, y espero que nunca nos la tengan que aplicar: "la especie más cruel....es la humana".
Enrique Rivas Diaz




















