JULIO MAGDALENA CALVO
Menos palabras y más indicadores de resultados.
08/06/2012
Algunos lectores de mi artículo "Parole, parole, parole" me han sugerido que ampliara un poco más su contenido y, con sumo placer, así lo voy a hacer. Como preámbulo, empezaré por decir que los objetivos de cualquier organización (o de un grupo o de una familia o de una persona) deben estar siempre orientados a los resultados a obtener, ya que, en otro caso, no tienen razón de ser.
En el mundo de la política es frecuente confundir las pretensiones, las ideas y los deseos con los objetivos, porque, simplemente no son desplegados. Es decir, no pasan de ser meras declaraciones de intenciones, al no contar, primero, con un análisis riguroso de que se trata de objetivos factibles, financiables, coherentes y medibles; y segundo, con una planificación basada en acciones específicas y en una evaluación de los recursos necesarios para lograrlos.
Si ponemos atención en los indicadores que nos llegan a la ciudadanía en los últimos tiempos, podremos observar que la mayor incidencia reside en pérdidas, supresiones y recortes. Y en términos de estrategia política, la pegunta es: ¿Cuánto tiempo puede durar la credibilidad de un partido en el gobierno por muchas soflamas que difunda, si está enviando constantemente mensajes negativos a los electores? Comparto esta reflexión con ustedes, porque hace tiempo un compañero y amigo, en respuesta a un comentario mío sobre la oportunidad de emprender una acción en concreto, me dijo de forma tajante: "Julio, como se nota que eres un técnico y no un político". Pues bien, mi opinión al respecto es la siguiente: Uno, que la "técnica" no sólo es compatible con la política, sino que debe "tirar" de ella, y dos, que los ciudadanos ya están más que hartos de tanta demagogia y de tan escasos resultados positivos. Porque, hablando de indicadores, no les parece determinantes los obtenidos por el barómetro del CIS, referidos a la opinión que manifiestan los encuestados sobre la clase política.
Pero no todo todos los indicadores han de ser, por fuerza, cifrados, en absoluto. Existen indicadores por excepción, es decir, cuando lo normal es que un hecho no suceda y sucede de manera extraordinaria; indicadores por incoherencia, cuando lo que se hace no se corresponde con lo que se dice y, hasta, indicadores a través de gestos, lenguaje corporal o postura, expresión facial. Fíjense y lo podrán comprobar.
Como ejemplo a vuela pluma de lo antedicho, voy a traer a colación las declaraciones del señor Tirado sobre el valor de la palabra como medio para llegar a acuerdos y pactos, lamentando que "Desgraciadamente los políticos hablamos más que escuchamos y tenemos que buscar lo que nos pone de acuerdo y no lo que nos separa". Con independencia de que se trata de frases al uso que contiene "El Manual de hablar sin decir nada", es una muestra de los deseos sin desplegar, a los que me he referido en un principio.
No sé si he podido explicar con más claridad mi teoría sobre "Menos palabras y más indicadores de resultados", siendo consciente, empero, del recordatorio del maestro Mark Twain: "Hay tres clases de mentiras: La mentira, la maldita mentira y las estadísticas". Pues eso.
Julio Magdalena Calvo.




















