ÁNGEL DORADO
La dictadura capitalista global
19/04/2012
Siempre he repudiado las dictaduras. En esta ocasión voy a referirme a la dictadura capitalista global, cuyos orígenes se remontan a varios siglos atrás, aunque durante mucho tiempo a lo largo de su desarrollo no fuera así denominada.
Veamos muy en síntesis como se modela el muñeco. Es conocido que la mayoría de los títulos nobiliarios europeos fueron conseguidos por el uso de la fuerza por parte de los aristócratas, quienes mataban a los campesinos que no pagaban los impuestos injustos y crueles que les imponían. Eran los primeros pasos de las monarquías absolutistas: reyes, nobles, monjes armados y la protección de Dios Todopoderoso. Acumularon poder, tierras y riquezas a mansalva, gracias también a la usura, al comercio de ventaja y a la explotación humana.
Luego llegaron los viajes de Colón, es decir, la invasión y posterior colonización de América por parte de España y de otros países europeos, que fueron base fundamental para que en los siglos siguientes se trazase el camino conducente a la actual dictadura capitalista global. Más tarde llegó el saqueo de los bienes y la esclavitud de millones de personas del continente africano por parte de Inglaterra, Francia, Alemania, Bélgica, Portugal, a los que avanzado el siglo XX se les sumarían EE.UU., China, Rusia, India, Brasil, Canadá, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, el neoliberalismo y las transnacionales. Además, África se ha convertido en un inmenso basurero tóxico de EE.UU. y Europa, al tiempo que los conflictos armados son el resultado de la lucha entre empresas multinacionales de algunos de esos países por hacerse con la inmensa riqueza minera y de materias primas: petróleo, gas, diamantes, oro, coltán, uranio, cobalto, algodón… Por otra parte, el 60 % de las cosechas de cereales están bajo el control de grandes fondos de inversiones especuladores de EE.UU. La macabra dictadura capitalista global seguía tomando cuerpo.
En 1929 la Bolsa de Nueva York saltaba por los aires, cuando EE.UU. todavía no era la primera potencia mundial. En 1932 el presidente Roosevelt puso en marcha todas las potencialidades del país inyectando millones de dólares públicos para profundizar en la democracia, reducir las desigualdades y dar trabajo al mayor número de personas, y en parte lo consiguió. Después los sectores más retardatarios, es decir, los hoy llamados "neocons" o rebautizados como liberales, darían al traste con esas políticas de progreso, que en Europa tuvieron su equivalencia después de la II Guerra Mundial. Esos neoliberales, más tarde, se lanzaron contra el sureste asiático y la vieja Europa. En esta, las élites empresariales y financieras (es especial la banca alemana) tenían que contar con una Unión Europea hecha a su medida, pues necesitaban un mercado común con una moneda: el euro. Los demás aspectos económicos quedaron al margen. O sea, la Europa de los mercaderes y no de los ciudadanos. Así nos va.
Con esos mimbres, como el que no quiere la cosa, comenzarían la progresiva desmantelación del llamado Estado del Bienestar, en la cual estamos metidos de lleno. Para ello están contando, además de con la crisis global que causaron las hipotecas basuras y otros productos tóxicos en EE.UU., con la inestimable cooperación de Alemania y Francia, sin olvidar la vergonzosa complicidad de muchos partidos socialdemócratas.
Así pues, se están entregando millones de fondos públicos a los nuevos poderes fácticos, o sea, los voraces mercados especulativos que cuentan con la libre circulación de capitales, la deslocalización industrial, la desrregulación financiera, el individualismo soberbio y la claudicación de los ciudadanos. Ellos son los que nos gobiernan. Por ello no debemos de olvidar que la dignidad y los derechos humanos son consustanciales con la democracia. De no ser así esta solo servirá para votar cada cierto tiempo, mientras que los responsables del mayor fraude que ha conocido la Humanidad se van de rositas, teniendo su dinero bien seguro en los paraísos fiscales que han creado al efecto, esperando a la siguiente ocasión para seguir haciendo de las suyas. Al tiempo, millones de personas se ven abocadas al paro, el desahucio y la miseria, además de ser presas del miedo que aborrega. Poco antes, esos millones veían en el paraíso capitalista la felicidad suprema porque podían comprar y comprar, y hasta invertir en bolsa, renegando de su propia clase de trabajadores porque la lucha de clases, creyeron, había sido superada por los cantos del capital a la "libertad".
Las revoluciones siempre han devorado a sus hijos, no obstante, nos queda la revolución social de la dignidad para, como ciudadanos dueños de nuestro destino, "tomar" los palacios de invierno y, ya puestos, también los de verano. Ningún imperio dura eternamente. La otra alternativa es la actual: súbditos sumisos.
Ángel Dorado




















