El 19 de octubre de 1878 se inauguraba, en gran acontecimiento, el Teatro de Rojas de Toledo, con la representación de ‘Del rey abajo ninguno, El Labrador más Honrado o García del Castañar’, obra del autor toledano, que hoy en día sigue dando nombre al coliseo. Se trataba de “un corral de comedias, mezcla del de Madrid y el de Almagro, del que se mantiene la estructura”, comenta José Luis Polo, técnico del teatro, quien añade que la ubicación del recinto (en la Plaza Mayor) no fue casual pues “el mercado ya estaba aquí y los artistas van donde está el dinero”.
Polo es uno de los encargados de mostrar a los visitantes los secretos del Teatro, en las Jornadas de Puertas Abiertas que se están llevando a cabo, y que han desbordado todo tipo de previsiones. “Desde hace varios días antes tenemos cubierto el cupo de visitas guiadas”, confirmaba Francisco Plaza, director del Teatro de Rojas, quien también confiesa su debilidad por el coliseo toledano. “El equilibrio que tiene entre acústica y cercanía es perfecto. Lo hace un teatro muy singular porque puedes escuchar respirar a los actores”.
UN PATIO DE BUTACAS MÓVIL
A pesar de que muchos de los visitantes son habituales en las representaciones y actividades del teatro, quienes han participado de estas Jornadas lo hacían con
un respeto y una admiración de quien pisa el coliseo por primera vez. “Es cierto que cuando viene la gente parece que está en un templo”, comenta el director.
Esta admiración se multiplica por momentos cuando nada más entrar, encontramos el patio de butacas, sin butacas, y observamos como la habitual inclinación del suelo, para facilitar la visión a las últimas filas, ha desaparecido. “El sistema funciona mediante cabestrantes y se compone de hierros y maderas que ejercen fuerza en puntos estratégicos que, gracias a potenciadores y ocho ruedas de tren, permiten variar la altura del patio de butacas y dejarlo completamente plano para celebrar fiestas, Carnavales…” comenta José Luis Polo, con absoluta normalidad, mientras los allí presentes aún no dan crédito al ver un suelo, con más de 130 años, cuya altura puede variar, “de forma manual, como todos los mecanismos del teatro, salvo el telón de acero, que lleva un motor”, añade.
Eso sí, la normalidad de la explicación se torna en un gesto torcido cuando el técnico recuerda el trabajo de retirar las butacas pues “tardamos dos días en quitar todas porque además hay que hacerlo a mano, por el diseño raro que tienen”, añade.
Otro aspecto llamativo del coliseo toledano es su escenario y, sobre todo, la altura del mismo “Tiene 19 metros hasta el peine, pero luego hasta el techo a dos aguas habrá otros tresmetros, por lo que la altura real son 22 metros”, asevera Francisco Plaza. Estas medidas son muy útiles a la hora de “subir el telón y que no se vea el borde”, afirma José Luis Polo, pero también cuando viene alguna compañía de ballet rusa “cuyos telones son enormes”.
RESPETANDO LA ESTRUCTURA
La estructura original del teatro se ha mantenido durante sus 130 años de vida, entre otros motivos, por la falta de espacio existente alrededor del coliseo, que impide ampliaciones del mismo. No obstante, la ingeniosa construcción del edificio, ha permitido que, más de un siglo después, el teatro pueda seguir funcionando como lo hiciera en el XIX. “Es el único que mantiene en España las maquinarias originales funcionando”, comenta el director del Teatro.
Un ejemplo de esta construcción lo encontramos en las paredes, cuyo grosor, de un metro, permite “aislar al actor del ruido exterior”, sin necesidad de insonorizar
el espacio. Otro elemento curioso y útil es la puerta de carga “cuyo peculiar diseño permite meter grandes elementos de escenografía sin problemas, a pesar de tener un espacio reducido por la presencia del mercado a pocos metros”, comenta José Luis Polo.
LAS ‘TRIPAS’ DEL ESCENARIO
Pero sin duda, lo que más llama la atención a quienes tienen el privilegio y la fortuna de ver las interioridades del Rojas, son sus entrañas, es decir, el foso y el contrafoso. “Están debajo del escenario y en ambos se mantiene la madera original desde su construcción. El hecho de que la temperatura varíe poco aquí abajo, ha permitido su mantenimiento con un tratamiento suave”, asevera el técnico.
Entre las curiosidades que encontramos en las ‘tripas’ del Teatro, están “los trampillones de aparición, de los que pueden salir hasta 16 personas juntas”, asegura José Luis Polo, o el sistema de acústica que se utilizaba antiguamente. “Las maderas aquí no tocan el suelo, porque éste se llenaba de agua para que la voz reflejara y volviera a subir. La voz no se amplifica, pero al menos no se pierde, facilita la labor del actor y el oído no lo percibe como un eco, por la velocidad del sonido”. A pesar de los buenos resultados del método, “ahora es más fácil darle un micrófono”, bromea Polo.
Lo ‘artesanal’ de este teatro llega a tal punto que los aspersores contra incendios, instalados en foso y contrafoso, también se ayudan de la construcción original para realizar su labor. Y es que ante cualquier eventual incendio que se produjera, “el aljibe que tiene el teatro permitiría una autonomía de 10 o 15 minutos para evitar un primer impacto, hasta que llegaran los bomberos”. Y es que la seguridad es una prioridad para todo el personal del coliseo capitalino.
‘LA MODA Y LOS CLÁSICOS’
Se puede decir, sin miedo a la equivocación, que el Teatro de Rojas no pasa de moda, aunque lo cierto es que más de moda que en este XX Aniversario va a ser
complicado que esté. ¿El motivo? Los 26 trajes elaborados por los más prestigiosos diseñadores nacionales en la actualidad se exponen a todo el público en el Patio de Butacas.
Creadores como Elio Bernhayer, Jesús del Pozo, Agatha Ruiz de la Prada, Francis Montesinos, Devota & Lomba o la toledana Ana Locking, han recreado las vestimentas de diversos personajes teatrales para esta celebración, por lo que “estos trajes no se han usado todavía por ningún actor o actriz”, confirmaba Francisco Plaza.
“He vestido a las mujeres más hermosas, he hecho felices a las más elegantes, y yo también he sido feliz. Pero si de verdad queréis que sea un creador, dadme los versos de Molière, Shakespeare y Calderón para crear a partir de ellos”, comentaba en su día el diseñador Paul Poiret, en una declaración de intenciones hecha a medida de este ‘desfile’ de moda teatral.
CONCIERTOS MINI-SOLIDARIOS
En el marco del aniversario de la rehabilitación del Teatro, la dirección del mismo ha decidido poner en
marcha una iniciativa musical solidaria, con el objetivo de recaudar fondos para Haití. Este programa, denominado 'Música por Haití' y dirigido por Ludmil Angelov, consta de 75 mini-conciertos que realizarán diversos intérpretes toledanos. El precio simbólico de las entradas, dos euros, será donado íntegramente para paliar los daños humanos y materiales ocasionados por el terremoto.
Moda, solidaridad y los secretos de un 'templo' teatral en una misma visita, parece una oferta demasiado tentadora como para dejarla pasar, máxime teniendo en cuenta que estas jornadas terminan el próximo 13 de febrero. Así que, no lo duden y acérquense al Rojas, para que no les digan aquello de que lo suyo "es puro teatro".