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ATC, un debate científico sin concluir

Lunes, 1 de Febrero 2010
Jesús Redondo/Carmen Bachiller
ATC. Almacén Temporal Centralizado de residuos radiactivos. Una instalación diseñada para guardar en un único lugar el combustible gastado de las centrales nucleares y los residuos de alta actividad que se producen en España. “La instalación no genera energía, ni es contaminante”. Así lo explica ENRESA, la empresa pública nacional que se ocupa de gestionar los residuos nucleares de nuestro país y que ha concebido el polémico ATC.


Habog (Holanda) el modelo que inspira el ATC español

No es un proyecto nuevo. Se lleva hablando durante décadas de un ATC preparado para almacenar hasta 12.816 m3 de residuos radiactivos durante 100 años, aunque con una autorización administrativa de 60.

Nueve centrales nucleares españolas, dos de ellas en Guadalajara –Trillo y Zorita – esperan para almacenar los restos de su combustible gastado. La piscina para el combustible de Trillo, la planta nuclear más moderna de España, lleva saturada desde 2003 y ha sido necesario construir, en sus propias instalaciones, un almacén en seco con sus residuos. La 'José Cabrera' en Zorita, hizo lo propio en su momento y ahora, ya cerrada, espera ser desmantelada y sus restos almacenados también en el ATC.

El asunto tampoco es nuevo para los políticos. El Parlamento nacional aprobó el ATC en 2004 y el proyecto técnico recibió el visto bueno del Consejo de Seguridad Nuclear en 2006.

La urgencia, entre otras cosas, deriva del hueco que hay que hacer, no sólo a los restos de las nucleares que se han quedado en los ATI´s –los almacenes propios de las centrales españolas-, sino a los que Francia o Inglaterra nos 'custodian' desde hace años. En el caso de Francia, no hacerlo le supondrá a España pagar 60.000 euros diarios a partir de 2011.

En cualquier caso habrá que buscar solución para los residuos 'exiliados'. Al menos durante el tiempo que se tarde en construir el primer edificio de almacenamiento de los tres con los que contará el ATC español. Un periodo que el propio Gobierno central cifra en cinco años, una vez que se decida su ubicación, a finales de primavera.

Junto a los almacenes se prevé la construcción de un centro tecnológico, un parque empresarial y un vivero de empresas. La previsión de inversión total es de unos 700 millones de euros para una construcción que necesitará un promedio diario de unos 300 trabajadores durante los cinco años de la primera etapa, con algún pico de hasta 500. Y eso, asegurando que el 60% de la mano de obra será local.

Al margen, los municipios afectados por el ATC percibirán ingresos por albergarlo en su término municipal. Nada menos que 6 millones de euros anuales, una vez que funcione el almacén. Además, se contemplan 1,8 millones de euros para cofinanciar proyectos de desarrollo local, con lo que, en total, la asignación al emplazamiento del ATC podrá ascender a 7,8 millones de euros anuales.

Toda "una golosina" como aseguraba José María Sáiz, alcalde de Villar de Cañas (Cuenca) a www.dclm.es que lo es también para quienes compiten en esta particular carrera nuclear –diez en total y tres de ellos en Castilla-La Mancha- ya que además del municipio conquense, Yebra (Guadalajara) y Villar del Pozo (Ciudad Real) han presentado candidatura.

Pero esa 'golosina' puede no serlo tanto, ni desde el punto de vista social o ambiental ni desde el económico. Al menos, ésa es la opinión del responsable nuclear de Greenpeace, Carlos Bravo, quien afirma que "apostar por el ATC es caer en la trampa de una cantidad de dinero sustancial, pero hipotecar el futuro del municipio y su comarca. Si una instalación como ésta fuera tan sana, positiva, limpia y segura, no habría que dar compensaciones económicas a nadie".

En la misma línea, se manifiesta el profesor de Derecho Comunitario Medioambiental, Ludwig Krämer, al asegurar que "el riesgo creado por la energía nuclear, no es proporcional a su beneficio".

Una opinión que coincide con la de Julio Gutiérrez, un catedrático de Física Nuclear en la Universidad de Alcalá de Henares que vive en la provincia de Guadalajara. Desde el punto de vista económico, nos dice, "posiblemente no tenga ninguna ventaja, salvo el pago del "peaje" que pueda conceder la empresa encargada del almacenamiento. Ni puestos de trabajo, ni turismo para ver los 'bichos raros' que 'crecerán' en los alrededores, en cuanto las leyendas negras empiecen a circular".

Además, añade Carlos Bravo, "como pasa en el entorno de las centrales nucleares, se pararía la actividad agropecuaria, por supuesto no se fomentaría el turismo rural y sostenible, y la zona se convertiría en un monocultivo industrial".

EL PELIGRO NUCLEAR ¿MITO O REALIDAD?

La energía nuclear acumula una larga lista de detractores y también de apoyos científicos aunque no es precisamente popular entre el ciudadano de a pie. "Despierta recelos porque el público desconoce casi todo sobre su origen, sus ventajas, sus inconvenientes y los efectos en caso de accidente", comenta Julio Gutiérrez, un físico nuclear que opina que "el riesgo de un accidente fortuito o provocado siempre está ahí, por mucho que las medidas de seguridad sean muy severas. Además, es normal que para periodos largos las medidas de seguridad empiecen a relajarse".

Junto a la realidad, García explica que "los mitos han nacido sobre la información que ha circulado con motivo de los dos grandes accidentes de la historia nuclear Three Mile y Chernobil. Un accidente de este tipo posiblemente cause menos muertes que una catástrofe natural como la de Haiti, pero esas muertes son más llamativas y, además, se producen durante un tiempo largo".

Conrado López, profesor asociado de ingeniería química de la Universidad de Castilla-La Mancha cree que "si se diese una información veraz y adecuada, las inquietudes iniciales de rechazo se verían minimizadas. Se tiene la experiencia de las poblaciones limítrofes a las centrales nucleares que debe servir para contrastar la información que se debe aportar", explica.

El organismo humano es capaz de absorber un determinado nivel de radiación sin perjuicio para su salud. "Si este nivel no se sobrepasa, no hay riesgo", dice López. En este mismo aspecto, Julio Gutiérrez, desde su experiencia como físico nuclear explica que "mucha gente recibe dosis radiactivas altas y no lo sabe o no le da importancia. Hacernos una radiografía, vivir en una zona granítica como la sierra madrileña o trabajar en un sótano mal ventilado también significa 'ser radiado'".

En el caso de los residuos radiactivos pueden ser "desde venenos fulminantes, como el caso reciente de un dirigente ucraniano, hasta quemaduras inmediatas, pasando por daños en el genoma que pueden dar lugar a enfermedades propias y de la descendencia, cuando esos daños se producen en las células germinales", aclara el fisiconuclear.

En cuanto a la vida de estos restos, oscila desde unos pocos años hasta millones de años pero "el problema es que cuando hablamos de vidas medias no quiere decir que la actividad radiactiva desaparezca al cabo de ese periodo", explica Gutiérrez, aunque al cabo de miles de años terminen siendo inocuos para el hombre.

Pero… ¿y en caso de accidente en el ATC?

"Yo no lo llamaría nuclear", señala Conrado López, y las consecuencias dependerían, en su opinión, "del nivel de radiación emitida y del tiempo de exposición", aunque en este asunto su colega, Julio Gutiérrez, desde la Universidad de Alcalá de Henares explica que, según el tipo de accidente, los efectos estarían relacionados con la contaminación de acuíferos, de los terrenos circundantes, del aire y, "por supuesto, dependiendo de las condiciones atmosféricas, la contaminación puede ser más o menos extensa en este último caso. El grado de contaminación dependerá del número de bidones afectados y del tipo de escape. La contaminación lo puede ser por muchos años, aunque se retiren las tierras. Recuérdese el caso de Palomares en nuestra península".

Precisamente, el riesgo de accidente es uno de los 'argumentos' ecologistas contra la energía nuclear. Carlos Bravos, responsable nuclear de Greenpeace, recuerda que el Centro de Experimentación Nuclear –asociado a las instalaciones del ATC- serviría para "construir un reactor nuclear, manejando combustibles especiales que podrían generar un accidente muy grave, incluso mayor que el de Chernóbil, el más importante de la historia, con muchísimos muertos".

EL ATC COMO SOLUCIÓN

Al margen de posibles riesgos… ¿El ATC es la mejor solución?

Para el profesor de ingeniería química de la UCLM, Conrado López, sí. Y, de momento, albergarlos correctamente consiste en "introducir los residuos radiactivos en cilindros formados por varias capas de blindaje y transportados de la central nuclear al almacén en envases de seguridad de acero. Llegados al almacén se transfieren a un bastidor de manejo cuya tapa se suelda. Este conjunto, que se denomina cápsula, se introduce en los llamados tubos de almacenamiento cuyas paredes son de hormigón de 1,5 metros de espesor, a pruebas de terremotos, explosiones, inundaciones e impacto de aviones".

Sin embargo, los ecologistas prefieren "poner en marcha un Plan de cierre de las centrales nucleares y dejar de generar residuos. El siguiente paso no sería un ATC, sino la creación de almacenes individualizados, donde se han producido los residuos", comenta Carlos Bravo. "No es la solución buena, pero tiene menos riesgo que transportarlos y acumularlos todos juntos", concluye (En la imagen, almacén en seco de la central nuclear de Trillo).

Y para soluciones alternativas, aunque suene a 'ciencia ficción', "lo mejor sería sacarlos de nuestro planeta. Existen proyectos acerca de enviarlos al Sol", asegura Julio Gutiérrez y, en caso de quedarnos con ellos, "la solución ha de pasar por un emplazamiento definitivo y, posiblemente, centralizado para varios países. La peor solución es desperdigarlos en almacenamientos temporales, que dadas las circunstancias y las políticas económicas actuales, posiblemente se conviertan en definitivos sin estar diseñados para ello", apunta.

EL FUTURO ENERGÉTICO

Si algo echa de menos la clase científica en nuestro país es el debate sobre el futuro de la energía, y particularmente, la energía nuclear. Y es que "no está muy claro que la energía nuclear represente una ventaja desde el punto de vista económico, sobre todo porque la dependencia continuaría en cuanto a la producción de combustible y al posible reprocesado de residuos", asegura el catedrático de Física Nuclear. Tampoco hay alternativas, al menos, ninguna factible desde el punto de vista industrial o comercial o, en todo caso, son caras.

Usar las energías alternativas allí donde sean rentables y no dañen el medio ambiente, son algunas opciones de futuro, aunque "los molinos de viento son un auténtico atentado al medio", señala Julio Gutiérrez, junto a las subvenciones para la energía solar en viviendas y, sobre todo, fomentar el ahorro –hasta las bombillas de bajo consumo están cuestionadas- y "por supuesto, rezar para que la energía termonuclear, mucho más limpia, sea un hecho dentro de poco", dice Gutiérrez quien lamenta "el poco interés que tienen los gobiernos y, por supuesto, las grandes compañías en que se investigue en ese campo".

"La energía nuclear es demasiado grande para la sociedad moderna", asevera Ludwig Krämer, más cerca quizá de la propuesta ecologista de Greenpeace, que sugiere un futuro energético basado en las renovables. "La energía más cara y peligrosa es la nuclear. Se está viendo que las renovables funcionan muy bien, son baratas, que se construyen de forma rápida, reducen de forma considerable las emisiones de CO2 y se rentabilizan muy pronto".

Aunque para propuestas -muchas y muy encontradas- una muy concreta que nos traslada el profesor Conrado López: el mix energético español para los próximos 10 años debería estar formado por un 20% de centrales de ciclo combinado, un 25% de centrales nucleares (de cuarta generación si es por fisión y sobre todo optar por la energía de fusión), un 8% de centrales hidráulicas, un 5% de centrales térmicas de carbón (con tecnologías avanzadas para minimizar las emisiones), un 18% de energía eólica, un 14% de energía solar, un 7% de energía de procesos sobre la biomasa, un 2% de energía marina (olas) y 1% de energía geotérmica.

"En la variedad esté el éxito", nos dice.





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