
Por“Cayo Anguita”, el último califa de Argamasilla, llora como un desesperado lo que no ha sido capaz de defender como político. Llora desconsoladamente porque no puede vestirse por los pies con los votos que los ciudadanos democrática y legítimamente conceden en las urnas a quienes libremente quieren. Y llora amargamente porque no sabe reir a mandíbula batiente y, entre lágrima y lágrima, espera entrar por la puerta de atrás del ex Convento de Gilitos, sede de la soberanía castellano-manchega. Vamos, que “Cayo Anguita” espera que el escaño que reclama desde su columna en el desierto le sea concedido por el Simón de Buñuel, porque lo que son las urnas ya le han dicho “NO” en repetidas ocasiones.
¿Por qué le han dicho “NO? Por lo mismo que en su pueblo natal, Argamasilla de Alba, cuna del progresismo manchego, le fueron retirando la confianza hasta que en 1999 IU pasó a la oposición y de ahí a tercera fuerza política, superada, incluso, por el PP en los últimos comicios locales de 2007. Y eso que Argamasilla está “protegida” de todos los infortunios por el hidalgo más internacional, Don Quijote de La Mancha, que nació de la pluma de Cervantes en la llamada Cueva de Medrano. Esto, al menos, lo defienden sus vecinos después de que hace un siglo Azorín y Rubén Darío apostaran por esta paternidad.
Pues ni la bendición cervantina es capaz de iluminar la mente de “Cayo Anguita”, que continúa con su erre que erre contra José María Barreda y contra todo lo que huela a socialdemocracia. Eso sí, sus ojos se funden en un azul añil manchego cuando ve aparecer a La bien pagá por las llanuras del castillo de Peñarroya o lavando sus rubios cabellos en las aguas quijotescas de las Lagunas de Ruidera. ¡¡Joder con Cayo!! Pero es que nadie le va a decir que se confunde de acera, que no se puede mear contra el viento porque al final acaba salpicándote. Por qué no aprende de sus compañeros toledanos, madrileños, catalanes o asturianos. No señor, él prefiere ser mosca cojonera antes que alternativa de izquierdas.
No es la primera vez (me temo que no será la última) que desde este mismo espacio menciono esta incongruencia sociopolítica. No se puede ser de izquierdas y criticar a con los que tarde o temprano tienes que pactar. No se es de izquierdas cuando tu objetivo es arrojar a los leones a los que comparten contigo muchos idearios. Es imposible ser de izquierdas y desear que pierda las elecciones la opción más cercana a tu ideología. No, “Cayo Anguita” no puede ser de izquierdas cuando una semana sí y otra también arremete contra el PSOE y Barreda y elude pronunciarse sobre las traiciones de la presidenta regional del PP.
Y no se puede ser de izquierdas organizando una marcha contra la corrupción urbanística, partiendo desde Seseña hasta el Congreso de los Diputados, en vez de salir desde la valenciana Avenida del Cid con destino a la madrileña calle Génova, sede nacional del PP. ¿O es que el último califa de Argamasilla no sabe que el partido de su apreciada Cospedal tiene imputados en varios tribunales a senadores, diputados nacionales, consejeros, parlamentarios regionales, alcaldes, concejales y, con toda probabilidad, algún que otro presidente autonómico, a los que se les acusa, llana y sencillamente, de corrupción, de esa corrupción que él persigue andando 40 kilómetros?
En fin, cómo echamos de menos a la izquierda simpática, a los defensores de las libertades y de las minorías; a los republicanos que no se acuerdan del rey; a los líderes ecologistas que buscan la defensa del medio ambiente; a los laicos que respetan las religiones pero no admiten dogmas…a los hombres y mujeres que saben que ser de izquierdas es incompatible con ser conservador.
Carlos Iserte