25/07/2012 23:52h.
BRETÓN
El ficus
Yo antes me pasaba buena parte de mi tiempo con una pata coja y los ojos cerrados. Un día abrí los ojos, deposité en el suelo el pié que tenía levantado y enfoqué la mirada a un ficus que recibía un rayo de sol en la esquina del salón de mi casa. Me dije que estaba creciendo mucho y un día tendría que practicar un agujero: un día bastante cercano si no quería que las hojas treparan por el techo. No me gustan nada las asimetrías aunque suelo practicar lo que puedo con la pata o, mejor, la pierna coja; pero la idea de ver las ramas del ficus retorcidas me hizo tomar una decisión rápida: quité el ficus del salón, lo llevé a un jardín botánico y puse en su lugar una pala de energía eólica, uno de esos molinos que dan vueltas y generan energía. Ahora, hacía la cigüeña mientras las palas daban vueltas impulsadas por la corriente que se producía al abrir la ventana del salón y la de la cocina. Por eso la luz de mi casa olía a veces a fritura o a tortilla francesa. Pronto pude alimentar a todo el edificio, de luz y de mis preciadas recetas.
Esta mañana han venido de la compañía eléctrica para ofrecerme un ficus enano y les he mandado a freír espárragos a mi cocina.
Bretón




















